Las 3 preguntas que te deberías hacer antes de responder al mal comportamiento de su hijo/a

Quizás te suena esta situación. Estás con tu hijo de 4 años y te pega. Estás enfadado porque le has dicho que antes de jugar a los legos con él tenias que enviar un correo importante, y él ha reaccionado dándote un golpe en la espalda (es sorprendente cómo una persona tan pequeñita puede hacer tanto daño, ¿verdad?). ¿Qué haces en ese momento? Si llevamos puesto el piloto automático (esto es, si no utilizamos una filosofía específica en educación sobre cómo afrontar el mal comportamiento), quizás reaccionemos sin mucha reflexión o intención agarrándole, probablemente algo más fuerte de lo debido, y diciéndole con voz fuerte ¡no se pega a mamá/papá! A continuación, probablemente aplicaremos algún tipo de castigo.

¿Es la peor reacción parental posible ante un mal comportamiento? No, pero ¿podría ser mejor? Claramente sí. Con nuestros hijos debemos ser receptivos en lugar de reactivos. Hemos de ser intencionales y tomar decisiones conscientes basadas en principios que hemos pensado y estado de acuerdo con antelación sobre cómo educarles. Lo que hace falta es tener claro qué queremos conseguir realmente cuando nuestro hijo se porta mal, y tener una estrategia clara y coherente para responder ante estas situaciones cotidianas.

Tengamos presente que, al fin y al cabo, la disciplina tiene que ver con la enseñanza. Por lo tanto, si aprietas los dientes, sueltas una norma con rabia y enfado y aplicas un castigo, ¿será eso eficaz para enseñar a tu hijo sobre la acción de golpear a mamá/papá? Quizás en el momento sí, pero a largo plazo sabemos que el miedo y el castigo no sirven de mucho. Sirven para enseñarle que el poder y el control son los mejores instrumentos para conseguir que los demás hagan lo que queremos que hagan.

Mamá, papá, ¿cómo puedes actuar para que por tu parte la disciplina sea menos una reacción que genera miedo y más una respuesta que genera destrezas? Antes de responder a un mal comportamiento, dedica unos instantes a responder a estas tres preguntas:

  1. ¿Por qué mi hijo/a ha actuado así? Quizás te ha pegado porque quería tu atención y no la tenía. Si pensamos desde la curiosidad y no desde el enfado, podremos observar que normalmente detrás de estas conductas se pone de manifiesto que el niño estaba intentando expresar algo, pero no lo hizo de la manera adecuada.
  2. ¿Qué lección quiero impartir en este momento? En el caso del ejemplo, quieres que aprenda que no se pega y que hay muchas maneras adecuadas de expresar sus sentimientos. Que para obtener nuestra atención y controlar su enfado, existen opciones mejores que el recurso de la violencia.
  3. ¿Cuál es el mejor modo de enseñar la lección? Llevarle a su cuarto o aplicar algún castigo no relacionado puede hacer que lo piense dos veces antes de volver a pegar pero hay otras alternativas mejores, con mayores resultados a largo plazo. 1) Conecta emocionalmente con él (“Hijo, esperar no es fácil. Estás enfadado porque quieres que juegue contigo y yo estoy con el ordenador, ¿verdad?”. Nos responderá ¡Siiii!). 2) Mírale a los ojos, mientras se va tranquilizando y es más capaz de escuchar, explícale que pegar no está bien y háblale de otras opciones que puede elegir la próxima vez que quiera llamarte (una palabra, una señal, etc.).

La clave está en plantearnos la disciplina de una forma nueva, en repensarla, y no actuar en piloto automático sin una estrategia clara y coherente.

María José Ortega Martínez

Psicóloga Sanitaria

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