Entrenarme para entrenar

Siempre pienso que, como padres y madres, tenemos dos papeles esenciales con respecto a nuestros hij@s: en primer lugar, dar amor y cariño incondicional (que el niñ@ sienta que sea quien sea, le querremos igual); y, en segundo lugar, y no menos importante, entrenarles para la vida. Sí, familia, llegará un momento en el que nuestros retoños tomarán decisiones por sí mismos y se enfrentarán a situaciones en las cuales no estaremos a su lado para indicarles lo que consideramos más correcto. Es “ley de vida” como comúnmente decimos, ¿verdad?

Pero claro, nadie nos ha dado un manual para ser unos buenos entrenadores. Si queremos que nuestro hij@ salga un día de casa preparado para afrontar la vida y ser feliz, tenemos que entrenarnos en una serie de habilidades básicas que a su vez van a servir de ejemplo para ellos. Aquí las tenemos:

1.Confianza. El miedo es como un virus. Desde que nacen los niñ@s parece que esta emoción se apodera de nosotros: tenemos miedo a que sufran, a que les hagan daño, a que no sean felices, miedo a que no puedan cumplir sus sueños, miedo a que se desilusionen, y así infinito. Es muy contagioso, y puede acabar siendo el miedo quien eduque a nuestro hijo en vez de nosotros.

Un entrenador/a tiene que confiar en los potenciales de sus jugadores. No se mete en el campo a jugar el partido; está en el banquillo, acompañando y confiando. Y ese es su lugar. Sabe que fallarás, pero te exige que practiques porque sabe que lo conseguirás.

2. Empatía. Ser capaz de sintonizar con lo que le ocurre al otro y ponerme en su lugar. Para ello tengo que saber qué es lo que siento en cada momento: no es lo mismo rabia, que enfado, que tristeza… Hay que trabajar en familia la conciencia emocional, que es la base de la empatía. Estamos muy poco acostumbrados a hablar de emociones, de cómo nos sentimos, de cómo nos ha hecho sentir este suceso u otro, y de cómo se ha podido sentir el otro con mi actuación.

3.  Optimismo. Muy relacionado con la confianza. Ocurre que algunos papá y mamás constantemente tratan de anticipar peligros, de controlar las situaciones a la que se enfrentan los hij@s, y ven problemas donde en realidad no los hay (o por lo menos no tan grandes). Tenemos que practicar en mirar con optimismo las dificultades, con confianza en que se van a resolver.

4.Auto-regulación emocional: Ser capaces de manejar nuestras angustias como padres, nuestros miedos e inseguridades. Si no lo hacemos, es algo que les vamos a transmitir de una forma u otra. Esto no quiere decir no sentir miedo o cualquier otra emoción, sino manejarlo y expresarlo adecuadamente.

Recordemos que para poder ser unos buenos entrenadores, tenemos que auto-entrenarnos también 😉