Ofrece a tus hij@s “vivencias semilla”

Hace poco realizaba una charla para la Escuela de Padres y Madres de un colegio de mi localidad. En ella trataba sobre cómo los padres somos un referente para nuestros hijos y una figura importantísima para su maduración personal. Somos el MODELO. Ellos se van a ver reflejados en nosotros.

Seguía esta charla comentando que una de las dificultades que nos encontramos como padres desde el momento en el que nace nuestro hijo, es que parece que el miedo se apodera de nosotros, ¿verdad? De repente aparecen miedos que nos desconciertan: tenemos miedo a que sufran, a que les hagan daño, a que no sean felices, miedo a que no puedan cumplir sus sueños, miedo a que se desilusionen…y así infinito. Es como un virus, el miedo es muy contagioso, y puede acabar siendo este quien eduque a nuestro hijo o hija en vez de nosotros.

Debido a estos miedos y angustias, una de las cosas que en ocasiones más nos cuesta fomentar es la autonomía en nuestros hijos. Y ocurre que los niños, desde bien pequeños, tienen la necesidad de hacer diferentes cosas por sí mismos. A todas las edades. Desde la niña de 2 años que quiere vestirse sola y perdemos la paciencia porque no llegamos al cole; hasta el niño de 6 años que quiere ayudar con la bolsa de la compra y es más grande que él; o el niño de 9 años que quiere hacer sus tortitas y ser igual de “cocinillas” que mamá y papá. Quieren sentirse capaces de hacer cosas por sí mismos.

Y es que, querer hacer, aunque sea de manera imperfecta, tiene que ver con querer ser (y quereSE). Sin autonomía no hay autoestima.

Para ver esto, os propongo un ejercicio. Os voy a pedir que penséis por un momento en una “VIVENCIA SEMILLA”. ¿Sabéis lo que es? Es un momento de tu infancia en el que te diste cuenta de que podías valerte por ti mismo/a. Es una situación en la que tuviste que enfrentar un pequeño peligro para obtener lo que necesitabas. O encontrar la solución a un asunto difícil e inesperado. Tus adultos de referencia se encontraban a cierta distancia o ni siquiera estaban en la escena, quizás estaban ocupados con sus obligaciones.

Os cuento una vivencia semilla personal. Recuerdo que, al poco de quitarme los ruedines de la bici y aun con un equilibrio precario, decidí salir a la calle de mi urbanización y montar yo sola. Era algo que no me permitían hacer sola pero, como ya había terminado los deberes y mis padres estaban cocinando, me animé a hacer. Recuerdo cómo me sorprendí al pedalear un par de veces y no caerme, y cómo chillé desde la calle a mi casa para que saliesen a verme. Me echaron la regañina pero recuerdo muy bien la cara de orgullo de mis padres y la mía.

Fijaros, ¿por qué son importantes las vivencias semilla? En primer lugar, porque este tipo de situaciones nos constituyen como personas. En segundo lugar, porque nos ayudan a desarrollar seguridad y confianza en nuestros recursos y capacidades. Y por último, porque nos proporciona una imagen positiva de nosotros mismos.

Papá, mamá: ofrécele a tu hij@ vivencias semilla. Esas situaciones seguras, en las que estéis a una cierta distancia, y pueda asumir sus propios riesgos. No le sobreprotejas. Deja que desarrolle sus propias habilidades y recursos, y crea en él/ella mism@.