Conecta con tu hijo/a, la conexión calma

Conecta con tu hijo/a, la conexión calma

¿Sabías que la conexión es un instrumento muy potente cuando los niños están enfadados o tienen dificultades para tomar buenas decisiones? Los adultos atendemos a los niños, los cuidamos, les hablamos, les exigimos, les organizamos, les mandamos… pero cómo nos cuesta conectar emocionalmente con ellos y sin embargo ese es el objetivo primordial de los chicos… conectar con nosotros.

Cuando a nuestros hijos les cuesta controlarse y no toman decisiones acertadas, la primera respuesta que deberían encontrar de nuestra parte es establecer conexión emocional.  ¿Por qué razones? ¿Qué ventajas tiene?

  1. La conexión ayuda al niño a pasar de la reactividad a la receptividad. En los momentos en los que están más alterados, es cuando más nos necesitan. Sus acciones son un mensaje de que necesitan ayuda. Cuando se sienten “sentidos” por nosotros, incluso sabiendo que no nos gustan sus acciones, es cuando pueden empezar a recuperar el control. La conexión les lleva de un estado reactivo a uno receptivo; y la receptividad resulta de la conexión. ¡Qué difícil es esto, ¿verdad? ¡Cuántas veces en una situación en las que nos sentíamos tristes, enfadados o airados, nos han dicho (de pequeños e incluso de adultos): “no te pongas así”, “no es para tanto” o “vete al rincón de pensar hasta que estés más calmado”! ¿Cómo nos ha hecho sentir esto? ¿Más calmado? Desde luego que no. Pues estas son las respuestas más comunes que damos a nuestros hijos, muy lejos de conectar emocionalmente con ellos.

 

  1. La conexión construye el cerebro. Conectar con las emociones de nuestros hijos cuando estamos educando y poniendo disciplina, se ha descubierto que a largo plazo incide en el desarrollo del cerebro del niño positivamente. Si escuchamos sus sentimientos, transmitimos lo mucho que los queremos incluso cuando la lían, ejercemos un impacto muy importante en su cerebro y ejercemos de modelo en la clase de personas que serán. A nivel neurológico, la conexión refuerza las fibras conectivas entre el cerebro superior (el que planifica, pone orden, nos permite pensar y evaluar una situación) y el cerebro inferior (emocional, primitivo, impulsivo) puedan comunicarse entre sí con más eficacia y anular los impulsos más primitivos. Esto ocurre cuando establecemos lazos de empatía: sentimos los sentimientos de nuestro hijo y comprendemos su punto de vista.

 

  1. La conexión intensifica la relación con tu hijo. La conexión emocional debe ser nuestra principal respuesta prácticamente en cualquier situación de disciplina, no solo porque nos ayuda a solucionar el problema a corto plazo, porque convertirá en mejores personas a largo plazo, sino porque nos ayuda a transmitir lo mucho que valoramos la relación.

 

¿Seremos capaces de conectar primero con nuestros hijos cada vez que se descontrolen o la líen? Seguro que no. Pero, cuanto más a menudo establezcamos una conexión emocional en primer lugar, con independencia de lo que haya hecho el niño, más les demostraremos que pueden contar con nosotros para tener consuelo y apoyo, y mejores resultados tendremos a corto y largo plazo en restablecer la tranquilidad y la paz.

Entrenarme para entrenar

Siempre pienso que, como padres y madres, tenemos dos papeles esenciales con respecto a nuestros hij@s: en primer lugar, dar amor y cariño incondicional (que el niñ@ sienta que sea quien sea, le querremos igual); y, en segundo lugar, y no menos importante, entrenarles para la vida. Sí, familia, llegará un momento en el que nuestros retoños tomarán decisiones por sí mismos y se enfrentarán a situaciones en las cuales no estaremos a su lado para indicarles lo que consideramos más correcto. Es “ley de vida” como comúnmente decimos, ¿verdad?

Pero claro, nadie nos ha dado un manual para ser unos buenos entrenadores. Si queremos que nuestro hij@ salga un día de casa preparado para afrontar la vida y ser feliz, tenemos que entrenarnos en una serie de habilidades básicas que a su vez van a servir de ejemplo para ellos. Aquí las tenemos:

1.Confianza. El miedo es como un virus. Desde que nacen los niñ@s parece que esta emoción se apodera de nosotros: tenemos miedo a que sufran, a que les hagan daño, a que no sean felices, miedo a que no puedan cumplir sus sueños, miedo a que se desilusionen, y así infinito. Es muy contagioso, y puede acabar siendo el miedo quien eduque a nuestro hijo en vez de nosotros.

Un entrenador/a tiene que confiar en los potenciales de sus jugadores. No se mete en el campo a jugar el partido; está en el banquillo, acompañando y confiando. Y ese es su lugar. Sabe que fallarás, pero te exige que practiques porque sabe que lo conseguirás.

2. Empatía. Ser capaz de sintonizar con lo que le ocurre al otro y ponerme en su lugar. Para ello tengo que saber qué es lo que siento en cada momento: no es lo mismo rabia, que enfado, que tristeza… Hay que trabajar en familia la conciencia emocional, que es la base de la empatía. Estamos muy poco acostumbrados a hablar de emociones, de cómo nos sentimos, de cómo nos ha hecho sentir este suceso u otro, y de cómo se ha podido sentir el otro con mi actuación.

3.  Optimismo. Muy relacionado con la confianza. Ocurre que algunos papá y mamás constantemente tratan de anticipar peligros, de controlar las situaciones a la que se enfrentan los hij@s, y ven problemas donde en realidad no los hay (o por lo menos no tan grandes). Tenemos que practicar en mirar con optimismo las dificultades, con confianza en que se van a resolver.

4.Auto-regulación emocional: Ser capaces de manejar nuestras angustias como padres, nuestros miedos e inseguridades. Si no lo hacemos, es algo que les vamos a transmitir de una forma u otra. Esto no quiere decir no sentir miedo o cualquier otra emoción, sino manejarlo y expresarlo adecuadamente.

Recordemos que para poder ser unos buenos entrenadores, tenemos que auto-entrenarnos también 😉

Cuando ponemos una norma, ¿cómo podemos manejar las reacciones negativas de nuestros hij@s sin perder el control?

Es importante que, como padres y madres, estemos preparad@s para manejar las distintas reacciones de negación, rabia o enfado cuando establecemos normas o aplicamos consecuencias negativas ante el incumplimiento de estas.

¿Cómo manejar estas reacciones sin perder el control de la situación? ¿Qué podemos hacer para ayudarles? Aquí algunas de nuestras recomendaciones:

  1. En primer lugar, permite como padre y madre la expresión de estas emociones de ira o enfado tratando de no alterarte, de no dejarte llevar por el estado emocional de tu hij@ y poniendo límites cuando la agresividad es desproporcionada hacia nosotr@s o hacia objetos. ¿Por qué es importante permitir la expresión de la emoción? Porque es fundamental para que el o ella aprenda a regular y manejar sus emociones conforme vaya haciéndose mayor. Hay que hacerles ver que entendemos y toleramos sus sentimientos, pero que la norma es necesaria o la consecuencia ya la conocía, así que pudo evitarla. De esta forma estaremos trasmitiendo comprensión, pero a la vez firmeza.

 

  1. En segundo lugar, manejar la presión, mantenernos firmes y no ceder a los límites o las normas sin sentirnos culpables. Los niñ@s ejercen presión de muchas maneras: con sus insistencias y repeticiones, con sus muchos argumentos para convencer, con manipulaciones como que “mala mamá/papá eres”… pero debemos aprender a manejar esa presión y utilizar diferentes recursos que nos sirvan para no ceder como por ejemplo: tener claro por qué hemos establecido esa norma o límite, que como padres y madres seamos un equipo y trasmitir una postura común respecto a normas básicas (para que no nos chantajee y se aproveche de nuestras diferencias en educación), no entrar en las manipulaciones de afecto porque nos pone a su nivel y entramos en el juego, no interpretar esas reacciones negativas de enfado como un ataque personal, y mostrar autocontrol manifestando la mínima ansiedad.

 

  1. A veces no es fácil para nosotros como padres y madres mantener la calma, y aparece la ansiedad, la irritación y el enfado por su comportamiento. Estas situaciones nos ocurren a tod@s, lo importante es aprender a detectar su aparición y luego tratar de controlarla, para evitar reaccionar de forma agresiva o desproporcionada. Si queremos que nuestros hij@s nos escuchen y comprendan el mensaje, no lo vamos a favorecer si creamos un estado de ansiedad elevado. Si queremos que ell@s aprendan a manejar correctamente sus emociones, es esencian que vean en nosotr@s que tratamos de hacerlo, que tenemos autocontrol emocional.

Al fin y al cabo, el objetivo en la educación de las normas es conseguir pasar de una forma de control que es impuesta por nosotros los padres y madres, a otra en la que nuestros hij@s progresivamente, y en distintas situaciones, sean capaces de ponerse sus propios límites consiguiendo ser personas autónomas.