Ayuda a tu hijo/a a calmarse con el “tiempo fuera positivo”

Ayuda a tu hijo/a a calmarse con el “tiempo fuera positivo”

Cuando los niños/as se portan mal, la mayoría de las familias recurrimos al castigo, al “vete a tu cuarto y no salgas hasta la cena” o al “rincón de pensar, para que reflexiones sobre lo que has hecho”, entre otros. Este enfoque tiene como finalidad hacer pagar al niño por su error, y se enfoca en el pasado. Cada vez los castigos nos dan menos resultados, porque genera en nuestro hijo sentimientos de venganza y no es efectivo para ayudar a los niños a mejorar en el futuro. Además, ¿podemos los padres y madres controlar lo que piensa nuestro hijo cuando les mandamos a reflexionar sobre lo que ha hecho? No, ¿verdad? Lo más probable que piensen es en lo que me han hecho mis padres que me han mandado a este sitio, o lo injustos que han sido. Lo más triste es cuando los niños piensan que son una “mala persona” o “no son lo suficientemente buenos”.

Cada vez tenemos más datos de que enfocarnos en SOLUCIONES (no en quejas y en hacer “pagar por el error/comportamiento”) y en ver los problemas como oportunidades para APRENDER, es la clave para mejorar las relaciones familiares y el mejor entrenamiento para la vida que podemos dar a nuestros retoños.

Una valiosa habilidad en el arte de enfocarnos en soluciones en lugar de quejas y castigos, es enseñar el valor de los periodos de enfriamiento. Es importante comprender y enseñar a los niños que, en la mayoría de los casos, es necesario un periodo de enfriamiento antes de intentar encontrar una solución a lo que ha ocurrido. Parar, tranquilizarnos, pensar, y actuar. Cuando estamos enfadados o airados por la enésima trastada que ha hecho el niño, estamos secuestrados emocionalmente por nuestra amígdala, y el “cerebro pensante” o neocórtex, no está tomando el control. Son las emociones las que nos controlan. En estos momentos, es muy útil esperar hasta que nos hayamos calmado y podamos recuperar nuestro cerebro pensante o racional. Aquí es donde entra el “tiempo fuera positivo”.

El “tiempo fuera positivo” es muy diferente al castigo tradicional porque está diseñado para ayudar a los niños a sentirse mejor (de tal manera que puedan acceder a su cerebro racional), no para hacerles sentir peor (un estímulo poco eficaz para el cambio), o para hacerlos pagar por lo que han hecho. Además, ya sabemos que no es efectivo enfocarnos en soluciones hasta que todos nos hayamos tranquilizado lo suficiente como para acceder a nuestro cerebro pensante.

El “tiempo fuera positivo” consiste en crear un espacio en casa que nos permita tranquilizarnos y recuperar el control. Este espacio debe ser creado conjuntamente con los niños y darle un nombre (ejemplo: “Hawái” o “lugar feliz”). Este espacio debe ser dotado de herramientas que ayuden al niño a tranquilizarse, como puede ser: slime, rotuladores, libros, mandalas, legos, puzles, plastilina, música, etc. Ellos deben elegir qué les podría ayudar. El niño no debe percibir este lugar como un castigo o un sufrimiento, sino como un lugar que me sirva como herramienta para seguir desarrollando mi capacidad de recuperar el control.

Algunas familiares me preguntan si esto no sería reforzar el mal comportamiento, si no es dejar que el niño se salga con la suya, o si es permisividad. Estas preguntan vienen porque nos han criado en la idea de que los niños serán mejores si son castigados (si se sienten mal por lo que han hecho), y no hemos comprendido que los niños son mejores cuando se sienten mejor. Es importante conocer que los métodos positivos son más eficaces a largo plazo que los métodos únicamente punitivos, porque comprenden el comportamiento humano.

Cuando nuestro hijo tenga una pataleta o, por ejemplo, quiera algo que no le podemos dar y nos monta el “numerito”, podemos preguntarle: “¿te ayudaría ir a nuestro “Hawái”? Si no estás tranquilo, no puedo escucharte”. Y le acompañamos hasta el lugar. En muchas ocasiones, el simple hecho de sentirse mejor es suficiente para redirigir al niño hacia una conducta más aceptable. Luego, podremos centrarnos en crear una solución del problema padres e hijos juntos proponiendo ideas. Cuando se da la oportunidad, a menudo los niños son mejores resolviendo problemas y dando ideas que los propios adultos. Si les damos el espacio, muchos nos sorprenden con sus ideas y propuestas, además de involucrarles y comprometerles en la solución, pues ellos se sienten parte de la familia y la resolución del conflicto o situación.